LA HORA DE LA MISERICORDIA

 
 

San Marcos nos presenta el último momento de la vida de Cristo: "Y Jesús lanzó un fuerte grito y suspiró por última vez". (Marcos 15:37). San Juan nos dice lo que sucedió después: "Pero uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza, y de inmediato salió sangre y agua" (Juan 19:34). Este momento del Jesús Misericordioso que expira en la cruz es uno en el que Su Amor Misericordioso brota como un océano sobre el mundo y sobre todas las edades. Es, como él lo llama, la Hora de la Gran Misericordia.

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 “A las tres, ruega por Mi misericordia, en especial para los pecadores y aunque sólo sea por un brevísimo momento, sumérgete en Mi Pasión, especialmente en Mi abandono en el momento de Mi agonía.  Ésta es la hora de la gran misericordia para el mundo entero.  Te permitiré penetrar en Mi tristeza mortal.  En esta hora nada le será negado al alma que lo pida por los méritos de Mi Pasión.” (Diaro 1320)

“Cuántas veces escuches el reloj dando las tres, sumérgete totalmente en Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero y especialmente para los pobres pecadores, ya que en ese momento se abrió de par en par para cada alma.  En esa hora puedes obtener todo lo que pides para ti y para los demás.  En esa hora se estableció la gracia para el mundo entero: la misericordia triunfó sobre la justicia.  


“En esa hora procura rezar el Vía Crucis, en cuanto te lo permitan los deberes; y si no puedes rezar el Vía Crucis, por lo menos entra un momento en la capilla y adora en el Santísimo Sacramento a Mi Corazón que está lleno de misericordia.  Y si no puedes entrar en la capilla, sumérgete en oración allí donde estés, aunque sea por un brevísimo instante.  Exijo el culto a Mi misericordia de cada criatura, pero primero de ti, ya que a ti te he dado a conocer este misterio de modo más profundo.” (Diario 1572)